Imaginando un futuro

La miré de reojo mientras se sentaba en el espacio a mi lado; alta, cabello negro, cara agradable. Bajé un poco el volumen de la música tontamente esperando que algo pasara. Ella, sin notar nada, sacó un libro de su mochila y comenzó a leer, devorando página tras página, con los ojos únicamente clavados en las letras.Tal vez ella es más que esos ojos bonitos; tal vez es lo que espero, tal vez es lo que quiero. Quizá sea diferente, quizá piense todo muy bien antes de hacerlo, quizá su sonrisa es mi único anhelo.

Comencé a imaginar:
-Hola
-Hola
-¿Buen libro?
-Excelente

La conversación se extendería, nos llegaríamos a conocer, a interesar, intercambiaríamos números de teléfonos y hablaríamos cada noche hasta volvernos buenos amigos. Esperaría con ansias sus respuestas, conversaciones de todo y nada. Entonces me atrevería a intentar, creo que ella se siente igual.

-¡Hey! ¿Quieres salir hoy?
-Claro, ¿a dónde?
-Al infinito, debajo de un árbol, al cine, a comprar cosas; donde sea esta bien con tal de que sea contigo.

Saldríamos constantemente, tomados de la mano. Le contaría mis días: la escuela, la familia, tonterías, y escucharía tranquilo, maravillado por la belleza de su simple vida, tal como la mía. Riendo pasarían los días, conocería a sus padres, me sudan las manos. Celebrando un año, y aun sigo enamorado. Imagino nuestras peleas y los abrazos reparadores, la fortaleza mutua, el logro compartido y las caídas dolorosas. 

Los días pasando, y seguimos soñando, cantando, bailando y haciendo cosas que nunca imaginé haría solo, mucho menos con alguien. Me muestra sus talentos, le otorgo todos mis momentos. 
Un día cualquiera, cuando ella no lo espera, saco una cajita, me hinco esperanzado; sonríe y se abalanza sin decir una palabra, pero sé su respuesta. Casa nueva, vida nueva, más juntos que nunca. Trabajo y cuentas, cansancio y presión, pero la miro mientras hace la cena, alegre entonando canciones, con el cucharón como micrófono, balanceándose con una melodía inexistente; la miro y me digo: esto vale la pena.

Llegan los hijos; vemos nuestra historia repetirse en ellos y envejecemos, de la mano contra toda tempestad, hasta que la muerte viene a llevársela, y al poco tiempo me voy con ella.

Cerró el libro, y se levantó del asiento sin dedicarme una sola mirada. Sonó el timbre de parada. Ella siguió su camino, mientras yo quedé destruido al ver terminada la vida que nunca tendría, incapaz de perseguirla, de seguirla, de irme con ella. Después de todo, tal vez ella no es lo que espero, ¿verdad?




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