Desde afuera del baile
Luces.
Adentro se escucha un latido unificado.
Tap-tap, el tuyo se desfasa, afuera, entre borrones de luna.
Te carcomes las ideas en busca del valor
para enfrentar un adentro diferente al tuyo. Acomoda el rostro ensayado, ese
que refleja hacia fuera lo de adentro, adentro. Tap-tap-tap, organiza tu voz en
sonidos adecuados y, por una vez, deja de tocarte las manos. Debe ser fácil;
has pasado tiempo observando cómo se hace. En la distancia, debe ser fácil.
Tap-tap-tap-tap, deja de tambalearte y bailotear con el viento helado. Te
acercas. Adentro. Han empezado en otro tiempo. Te dices a la perfección, y
ellos te miran sin atravesarte. ¿Invisible? Responden, ellos. Tap-tap-tap, tap-tap-tap,
silencio. Tu ritmo se desfasa, siempre, siempre. Pareciera que callaras,
adentro. Ellos solo necesitan estar adentro y el interior se les despliega,
mientras tú revelas el interior y terminas afuera, hacia adentro. Hay veces que
conectas. Tap, vas desfasada. Pero tú nunca conectas. Desnuda crees que te
presentas, sin saber que la desnudez es también una forma de coraza.
Yo soy la coraza, aunque no es tan simple;
desnudez y coraza.
Eres tan densa. ¿Por qué no puedes ser
cristalina?
Tap, tap, tap. Tap, tap. Tap.
Te desfasas.

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