Intermezzo (Lejana cercanía)

Suave y silencioso, apenas dejándose entre ver. Al principio temeroso, pero finalmente combinándose con la noche, el día comienza a florecer, continuo y sin descanso, fluyendo con el tiempo, la naturalidad del suceso lo empuja a apresurarse más, más, pero él sigue tranquilo, primero un rayo solitario entre las nubes espaciadas, acariciando cada constelación regalada, se despide de las estrellas, una a una deseándoles más vida.

El sol algo irritado, reclama su protagonismo. Desesperado por salir, lanza resplandores al cielo cada vez más claro, un instante se distrae, los rayos lunares danzando entre los suyos; ella llamándole, él desesperado, avanzando con fuerza para unírsele, pero mientras más luz libera, la borra un poco más a ella. Una lucha, constante baile pausado entre noche y día. Amantes imposibles, unidos solo dos veces en una eternidad reducida, obligados a decir adiós en el momento en que se tocan.

Amanecer infinito. Retrasado más de la cuenta, el día por fin empieza. "Soledad desgarradora, ¿por qué me quitas a mi pareja?", exclama el día. Su sufrir atrae nubes negras, y a pesar del refunfuño del brillante, se rinde en su intento de traspasar la barrera.

Cansados y rotos, sol y día se dejan fluir, sin ganas y sin brillo, dejando a la niebla asentarse, estableciendo orden sombrío. Ellas a un paso de distancia, tan lejanas, incansablemente fuera de su realidad.

Y de nuevo, la distante luna se deja ver en un cielo azul recién bañado, en un intento afligido de unir opuestos. Un lloro constate con lágrimas palpables, ambos seducidos por el misterio que representa el otro para ellos, ansiosos de descubrir más, desafiando a la naturaleza misma y la normalidad sin importar las consecuencias, porque ¿qué tragedia hay más grande que el estar al alcance de la mano y no poder tocar más que la punta de los dedos, temerosos, excitados? Como dos bailarines de tango, imposibles de tocarse, generando solamente un diálogo ausente sin que se convierta nunca en arte.

Se asoma la luz naranja, aferrándose a la orilla del precipicio, el corazón palpitando fuera de su pecho sosteniendo el peso de su aflicción. Un atardecer intenso lleno de de los últimos clamores de agonía arrojados por el día, con intención de declarar su amor, suplicar clemencia a la fuerza natural que los arrastra peor que una muerte violenta. Caos en el cielo, mientras los dos amantes trágicos se juntan apenas rozándose, gritos desgarradores, inaudibles y pesados. 


La noche ansiosa, deja las sombras para hacerse presente, y con un beso de muerte se despide de su amante diurno, implorando a los dioses en lloro silencioso que el abrazo cálido del sol, la llene tal vez mañana al medio día.

https://www.youtube.com/watch?v=1O4-RCjwal0  (Intermezzo-Manuel M. Ponce)


(Foto: http://www.ojodigital.com/foro/paisajes
/411404-atardecer-madrid-luna-venus.html)

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