Ausente
Déjame verte unos minutos, de veinte a una vida serán suficientes. Ven a menudo para prorrogar el momento, para estar y para ser completos. Amarra el tiempo con respuestas y contesta. Deja de ser palabra para existir en mi latido. Escucho tu espacio dormido entre flores, y las estrellas que vaciaste extinguidas en mis manos se me resbalan inciertas. Y me vuelvo poca. Me siento entre extraños de rostros rosados que burlan la lógica de mi espera. Y tu estas quieto. Transparente. No te lo echo en cara, pero no alcanzo a pronunciarme en tu escucha. Eres silencio, aún. Y no te lo he dicho, pero si el amor es enfermedad, me atrevo al delirio. Desatino nuestro encuentro por el vigor de su espacio. Y parpadeas. Y no llegas. (Hopper, Edward. Automat. 1927. Óleo sobre lienzo. Des Moines Art Center, Iowa)