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Mostrando entradas de abril, 2020

Ausente

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Déjame verte unos minutos, de veinte a una vida serán suficientes. Ven a menudo para prorrogar el momento, para estar y para ser completos. Amarra el tiempo con respuestas y contesta. Deja de ser palabra para existir en mi latido. Escucho tu espacio dormido entre flores, y las estrellas que vaciaste extinguidas en mis manos se me resbalan inciertas. Y me vuelvo poca. Me siento entre extraños de rostros rosados que burlan la lógica de mi espera. Y tu estas quieto. Transparente. No te lo echo en cara, pero no alcanzo a pronunciarme en tu escucha. Eres silencio, aún. Y no te lo he dicho, pero si el amor es enfermedad, me atrevo al delirio. Desatino nuestro encuentro por el vigor de su espacio. Y parpadeas. Y no llegas.                          (Hopper, Edward.  Automat.  1927. Óleo sobre lienzo. Des Moines Art Center, Iowa)

Desde afuera del baile

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Luces. Adentro se escucha un latido unificado. Tap-tap, el tuyo se desfasa, afuera, entre borrones de luna. Te carcomes las ideas en busca del valor para enfrentar un adentro diferente al tuyo. Acomoda el rostro ensayado, ese que refleja hacia fuera lo de adentro, adentro. Tap-tap-tap, organiza tu voz en sonidos adecuados y, por una vez, deja de tocarte las manos. Debe ser fácil; has pasado tiempo observando cómo se hace. En la distancia, debe ser fácil. Tap-tap-tap-tap, deja de tambalearte y bailotear con el viento helado. Te acercas. Adentro. Han empezado en otro tiempo. Te dices a la perfección, y ellos te miran sin atravesarte. ¿Invisible? Responden, ellos. Tap-tap-tap, tap-tap-tap, silencio. Tu ritmo se desfasa, siempre, siempre. Pareciera que callaras, adentro. Ellos solo necesitan estar adentro y el interior se les despliega, mientras tú revelas el interior y terminas afuera, hacia adentro. Hay veces que conectas. Tap, vas desfasada. Pero tú nunca conectas. Desnuda crees q...