Fuego
A veces explotamos y dejamos que nuestros fragmentos nos quiebren, porque nos sentimos millonarios, pero sólo acumulamos pólvora. Avivando el fuego, hechizada por la intensidad de un dolor placentero, te dejas convertir en ceniza, y egoístamente decides ser infeliz. Conoces la muerte mejor que la vida, te vas con el fluir constante de tus adentros, siempre hacia adentro, siempre dentro, cortas el oxígeno y la conexión. Tu profunda incandescencia oculta entre tus pliegues. Nadie logra verte porque permaneces detrás del carbón, te escudas en las quemaduras que provocas, aunque no destruyes. Y vas convirtiéndote en humo, intangible, silencioso. Te alejas grisáceamente siendo cada vez más invisible. Te dejas encender, te afanas en gritar calladamente, sonando en el crepitar de las llamas. Ardes en sonidos. De volátil naturaleza, sutilmente inflamable al contacto de cualquier chispa aleatoria que te arroja una vida normal, estallando al roce de piel con piel. Du...