Una entrada sobre el mundo.
Ahí van todas ellas, haciendo de la ciudad su pasarela personal; cada paso compitiendo, sin dar descanso a sus rostros de tanta máscara pintada de una belleza comercial, que marchita su alma y pisotea la profundidad de su ser, arrasando, dejando la común personalidad superficial. Ahí van todos ellos, haciendo de la ciudad su campo de juegos; paso a paso cargados de trabajo y deudas, embobando su mente con juegos absurdos, perdiéndose en botellas, llenando su vida con los vicios de hombre natural, no dejando espacio para la infinitud de su cegada existencia. Ahí van los niños, haciendo de la ciudad su cárcel; aprendiendo a caminar los caminos incorrectos, cultivando conocimiento basura de pantallas coloridas con luces llamativas, ignorando la verdusca masa que se vislumbra a la cima de la colina, ocupados construyendo edificios pálidos. Rostros desagradablemente perfectos, comidas deliciosamente asesinas, muerte disfrazada de vida. Y sus ojos ignoran el cielo, sus oídos se satur...